Viernes de «real politik»

Peter Drucker siempre repetía que lo más importante en la comunicación es aquello que no se dice. En Méndez de Vigo, la reflexión se adhiere como el superglú. De mirada conciliadora que escudriña primero a su interlocutor antes de venderle la historia, las formas de Íñigo siempre han determinado su fondo. Juega con esa oratoria diplomática que sólo el que está curtido en negociaciones adversas es capaz de sacar a relucir en los peores momentos.

Posee un discurso pausado, quizá demasiado en ocasiones, por lo que no será un portavoz de grandes titulares, sino de grandes consensos. Para eso ha sido elegido. Poner al frente de tu organización una imagen destacable por su empatía y escucha ayuda a consolidar tu reputación como líder.

 

Al igual que Mariano Rajoy, Méndez de Vigo es hombre curtido en la oratoria irónica, provisto de un sarcasmo sonriente que ayer pudo lucir en su primera intervención. «El presidente me ha dicho que sea amable con ustedes (en referencia a los periodistas), pero no me ha dicho que ustedes lo sean conmigo». Dará juego en cada comparecencia.

Con el tiempo ha progresado en lo que era su principal déficit: muchas palabras para tan pocos mensajes. Europa le ha convencido de las bondades de generar identificación con un relato preciso que abrace sensibilidades diferentes. No esperen a un portavoz que enamore, pero sí a uno que va a gustar, más por sus potentes noticias que por sus contundentes discursos.

 

Su estilo de «bon vivant» de las relaciones públicas es ahora conveniente para un Gobierno renovado. Rajoy necesitaba dotar a su gabinete de menos gestores y más relatores. Más envoltorio a una narrativa hueca de fundamento. Alguien que se faje entre alianzas de dormitorio y acuerdos de vestíbulo. Méndez de Vigo representa ese embalaje dócil que hace sin decir pero siempre hace lo que dice. Con sus maneras de «real politik», ya pocos recuerdan el infortunio periódico de Wert en Educación. Ha cambiado el discurso del palo por la retórica de zanahoria. Un portavoz que prefiere mantener a construir, controlar a innovar. No eran tiempos para discursos de guerra, sino para elocuentes hombres de paz. Ayer se estrenó como Julio César en el Senado tras la batalla de Zela: llegó, vio, escuchó y comunicó.

 

Artículo original de Fran Carrillo para La Razón

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