Quo Vadis Ciudadanos?

El centro como espacio sociológico tiene en estas dos últimas semanas su penúltima oportunidad -en contexto favorable- para consolidarse como espacio de debate político y como narrativa programática, o por el contrario desaparecer entre las aguas que a izquierda y derecha le marcan los partidos tradicionales. En esta tesitura, el debate del pasado lunes 13 ofreció a Albert Rivera su resquicio salvavidas, en el que pareció abrirse paso, entre el foco polarizado y dominante, un nuevo foco con el que atraer la atención de la masa. Detener un golpe de desilusión en política es el primer paso para reconstruir la sintonía perdida con el ciudadano.

 

Quizá ese debate haya generado un nuevo clima de inspiración en quienes ya tenían sobre la mesa el dilema del voto útil, aquellos que haciendo bueno a Baudelaire, defendieron su derecho al desorden y ahora alzan la bandera del retorno. Una nueva puerta que abrir a los desafectos que llegaron por desafección.

 

A Rivera no le falta carisma, ni formas, ni fondo, créame el lector. Solo tiempo para dar a conocer un producto situado, por mala estrategia y peor ejecución, en el stand adecuado de la estantería, donde el consumidor, o no lo ve, o debe hacer esfuerzos ímprobos en alcanzarlo, por lo que acaba desistiendo y comprando lo de siempre…, o no comprando.

 

A Rivera le falta un partido que lo acompañe, y perfiles adecuados para transitar una senda invisible, que muchos dicen conocer pero que pocos caminan con el porte correcto y las ideas adecuadas. Lo dije en una tribuna de este diario, Ciudadanos debe decidir dónde quiere estar, de forma proactiva y no porque la encuesta o sondeo de turno de guardia le diga dónde pesca más y mejor. Si creas un foco de relato dominante y mueves el tablero político hacia él, podrás conseguir que todos bailen una música que quizá no les guste, pero que no tendrán más remedio que aceptar. Entrar en el juego discursivo del adversario es arriesgado. Dominar desde el propio es determinante. Lo está haciendo Trump en las presidenciales norteamericanas y lo hizo Trudeau en Canadá, el referente más centrista al que ahora se pueden agarrar en el partido naranja.

 

El centro fue diseñado para dar equilibrio a pulsiones extremas, para otorgar mesura a políticas radicales basadas en programas ilusorios o de contenido poco consensuado. Pero no deja de ser un estado de ánimo coyuntural que necesita de estructura programática y fuerza doctrinal, dos aspectos que Ciudadanos no tiene ahora. Y que debe reconocer internamente. Serán las segundas elecciones en las que desaprovecharían una deriva social favorable, donde muchos ya no saben si votar socialdemócrata o liberal, o las dos cosas, porque el centro no se proclama ni se vive; el centro se explica y se detalla, se cuenta y se relata.

El último informe que manejan en Génova 13 confirma su satisfacción, que mutará en felicidad y jolgorio, porque la estrategia de comunicación en Ciudadanos sea ir a por el votante descontento del PSOE. Eso es no entender dónde está tu hueco. La izquierda ya está ocupada y colapsada, porque ese votante descontento con el PSOE (sea de base o de voto tradicional) se irá a Podemos si es de izquierdas. Los que pueden abandonar Ferraz voz en ristre no son de propiedad socialista, sino de ese centro coyuntural que se movía hasta ahora entre aguas bipartidistas, y que el pasado diciembre llegó a alcanzar los tres millones y medio de apoyos. Crecer es posible pero primero ten clara cuál debe ser tu alimentación.

Si no pasará como aquel pronóstico de Mitterrand cuando dijo que “Los franceses hacen huelga los lunes porque suben el pan; los martes se manifiestan porque ganan poco; los miércoles protestan por la falta de libertades… Y el domingo votan a la derecha.”. Tanto vaivén discursivo, tanto eslogan sin mensaje, puede provocar el viaje al centro de la derecha el 26 de junio.

 

Porque ese aparato escenográfico en modo auto sacramental que experimentan en cada acto o mitin no debe llevar a confundir la fachada con el producto. Ciudadanos es una idea bien concebida en el arranque, y Rivera el candidato que, en formato largo, tiene más porte político presidencial, aunque debe dejar ciertas alforjas por el camino que solo le deslumbran y nada le aportan.

Sólo así podrá representar a esa España silenciada que encontró su esperanza transmutada de verde a naranja frente a esa España silenciosa que optó por el morado como rebeldía parisina en formato tecno-pop.

 

La diferencia es que Podemos hace tiempo que sabe dónde está su meta. Pero los que habitan en el centro se preguntan, Quo Vadis Ciudadanos?

Arriba