La línea Cifuentes

 

Están siendo meses convulsos en Génova, en un partido que lleva sin nadar en aguas calmas desde que Bárcenas decidió ser Bruto y acuchillar a todo huésped que le dio la espalda en la casa popular. Primero la dimisión de Esperanza Aguirre como Presidenta del partido en Madrid, luego el no de Rajoy a ser investido, Soraya controlando a ministros rebeldes, Cospedal apagando fuegos internos y rebeliones de fieles en huida, etc. Una sucesión de cristales rotos que amenaza con descomponer a la única formación capaz -hasta hoy- de aglutinar a toda la derecha y al centro derecha en un único tronco de varias ramas.

El primer partido en las pasadas elecciones (ya veremos si en las futuras) sigue sin tener clara su estrategia de defensa, tal vez porque nunca ha creído en el ataque, al menos en esta legislatura. Salir a empatar por sistema te ahorra esfuerzos, pero elimina cualquier posibilidad de victoria y facilita la vida del adversario en forma de oxígeno político constante. Es momento de que tomen la iniciativa quienes no han visto contaminadas su decencia y moral por prácticas que sitúan al espíritu humano por debajo del púlpito ético que le corresponde.

Pero de esa necesidad, el PP pueda encontrar su virtud si ahorma definitivamente su estrategia (política y comunicativa) en torno a la figura que ahora mismo encarna Cristina Cifuentes. Su hiperactividad es un valor que sube enteros. Es la política del momento. Y el momento la reclama a ella. Sabe que el centro ya no es un espacio coyuntural al que ir de tanto en cuando para captar votantes, sino que es un nuevo ecosistema, que con su propia narrativa, pretende hacerse hueco en el complejo mosaico partitocrático español. De ese 39% de votantes que perdió el PP en las pasadas elecciones, un 15% pasaron a abrazar la opción de centro (Ciudadanos), opción que la presidenta de la Comunidad de Madrid sabe que es un caladero pescable y retornable a poco que haga una política de periscopio. esa que te permite ver y controlar zonas en principio inaccesibles.

Cifuentes ha hecho, precisamente del Periscope, una herramienta de comunicación política habitual. En directo, conversa con quienes la están viendo, responde sin atajos cualquier asunto y evidencia la transparencia con la que comulga y que desea implantar en su partido. Es la dirigente que, a través de la plataforma Osoigo, más ha contestado a los ciudadanos, dentro y fuera de la campaña electoral. Es su propia community manager en Twitter, donde no responde de forma institucional y oficial, sino que comunica, dialoga, replica sin perder la compostura y accede a ser preguntada sin miedo a entablar debate. Se siente tan cómoda en la entrevista en formatos tradicionales como nuevos. Igual se fotografía bailando que colgando un cuadro, te habla con la misma naturalidad de su proyecto político que de su día a día familiar. Valiente sin ser inconsciente, arriesgada sin ser temeraria, prudente sin ser inmóvil. No le teme a nada quien ya saludó a la muerte de frente, con la sola máscara de la conciencia tranquila.

Sabe que ahora el eje ha cambiado de terminología. Ya se habla menos de izquierda-derecha. Ni siquiera de arriba-abajo. Ahora se trata de centro y extremos. Los atentados terroristas en París y Bruselas y la crisis de refugiados, más la amenaza de salida del Reino Unido de la UE convierten el panel continental en una pugna entre radicalismos periféricos a izquierda y derecha y modelos equilibrados de unidad y cohesión. La Europa de los Padres Fundadores o la Europa de los caciques que la destrozaron revive de nuevo, en otro siglo, y con otras siglas.

De ahí que Cristina entienda, como marca propia ya consolidada, que una nueva bandera debe ondearse siempre con viento a favor. El nuevo contexto exige y demanda políticos de discurso propio y normalizado en torno a lo cotidiano. La vulgaridad del día a día. El abuso del sentido común. Es lo que se lleva. Es lo que gana y permanece en el recuerdo colectivo.

Estas, son, a mi juicio, alguna de las características que la hacen ser el faro del nuevo Partido Popular (juntos a perfiles tan sumamente inteligentes y comunicativos como Pablo Casado y Javier Maroto). Por aquí debe transitar el camino hacia una reconstrucción del centro-derecha español.

- El paso de la soberbia a la humildad. Recuerde el lector aquella frase para enmarcar y repetir: "nos ha sobrado corrupción y nos ha faltado humildad" con la que Cifuentes rompía con un pasado reciente que se le está haciendo eterno al PP. Un discurso propio que solo rehuye del oficial en aquello que más daño le ha hecho.

- Una política sin pasado pero con peso. Vivió sus peores momentos como delegada del Gobierno, con responsabilidad y cargo, con poder y decisión, para encarar con firmeza manifestaciones y escraches, reproches y persecuciones. Su compostura le permitió ganarse una confianza dentro y fuera del partido que no para de crecer.

- El moderantismo como línea política. Ni una desconsideración, ofensa o falta de respeto hacia sus adversarios políticos, con los que le une en ciertos casos una buena relación personal (como con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena). Instaura la nueva política no desde la originalidad, sino desde la firmeza respetable. Una democracia se vitamina a través del diálogo y este exige respeto y consideración entre las partes para llegar a acuerdos. Reclama una manera distinta de hacer las cosas, que pase de enfrentar personas a confrontar ideas.

- Sabe vender los avances. Sin foto pero con fondo. Ha instaurado la máxima de que hablar con todos y entenderse con muchos no significa dialogar por nada. Sabe cuándo conceder pero no ceder. Asume que en la foto todo es forma, pero no quiere hacer de su gobierno una sucesión de anuncios y postureo visual. Sus medidas, venden. Su sonrisa, gana.

Formas, maneras y escenificaciones que deben ser extendidas y entendidas en sectores y foros donde la renovación aún cuesta, donde el cambio no es debatible y donde la sustitución antecede a la puerta giratoria. Cristina encarna un presente para un centro derecha ayuno de nuevas ideas que deban ponerse al día (sin dejar de cohesionarse desde los valores de siempre), y donde el crédito no esté en actuar reactivamente, ni la ganancia en mirar para otro lado en cada conflicto. La nueva política no exige tanto caras nuevas, como ir de cara siempre.

Artículo original: NEUPIC

Arriba