¿Cómo se gana un debate político?

Es tiempo de debate, no de combate. Tiempo de que los consensos que marcarán la próxima legislatura se inicien con una contienda dialéctica entre los cuatro partidos que lo harán posible, cuando aún las ecuaciones milimétricas de los demoscópicos no está claras ni definidas, cuando los indecisos conforman ese partido invisible que puede resultar determinante el 20-D. Será un debate diferente dentro de una campaña diferente. Ya no solo se trata de identificar a un destinatario concreto, sino de seducir a las masas invisibles. Los debates políticos encontraron su reflexión en la prensa, su emoción con la aparición de la televisión y su extensión con la creación y desarrollo de las redes y plataformas digitales. El de hoy será un debate donde los detalles y el factor sorpresa pueden decantar la inquieta balanza del elector desencantado. Porque vamos a unas elecciones en las que la aritmética va a ser más importante que la geométrica, donde el número de diputados marcará los pactos. Estas serán, a mi juicio, algunas de las claves que marcarán su preparación, desarrollo, ejecución y reflexión posterior.

1) El debate debe concebirse, más que para reforzar la opinión propia de los convencidos a tu causa, como la vía para persuadir a los indecisos (que son todavía muchos) y causar duda en los contrarios. El inicio de todo debate es el marco (quien marque la línea a seguir se sentirá más cómodo), el final es el cuadro (quien mejor sepa construir reflexiones que al día siguiente la gente siga recordando y pueda compartir ganará). Cuatro pintores, cuatro lienzos diferentes. ¿Por qué óleo apostará el votante?

2) Una mujer frente a tres hombres. Eso obligará a cambiar la estrategia de salida. La agresividad mutará en persuasión. Una percepción generalizada de todos contra Soraya puede ser negativo para los partidos que se presentan como alternativa, y reforzar su imagen (y la del PP) si ofrece como respuesta la tranquilidad. No olvidemos que la vicepresidenta es mejor debatiendo que Rajoy, maneja mejor estos formatos. Que no subestimen los aspirantes al peso pesado de Moncloa o recibirán el primer KO antes de tiempo.

3) Soraya hablará de gobierno para dar consistencia al proyecto. Es fuerte cuando ataca 'amablemente' con 'tips' sarcásticos e irónicos. Quiere implantar en el espectador el chip de "el PP o el caos". El resto deberá, por tanto, minimizar el uso del 'yo' y relatar un proyecto que se pueda visualizar. Porque si la gente lo ve, lo entenderá mejor y lo aceptará antes. El liderazgo gana, el hiperliderazgo agota.

4) Marcar los tiempos e imponer el discurso al contrario serán dos de las claves en un debate más de sensaciones que de mensajes, más de detalles que de ideas, donde los diferentes líderes deberán ser propositivos y jugar mucho con el contraste de las propuestas. Quien construya mejor mensajes de identificación heterogénea, ganará. En este sentido, parte con ventaja Rivera: su discurso es más ecléctico y constructivo.

5) Iglesias es poderoso cuando evidencia las diferencias entre posicionamientos políticos. Ahí el tono indignado y el verbo agresivo actúan decisivamente. Se siente cómodo en el formato 'La Sexta Noche' o 'Un Tiempo Nuevo'. En el debate del pasado lunes, Sánchez y Rivera cayeron en esa trampa por momentos y ahí ninguno de los dos lleva el mando, por lo que no deben dejar que el debate incurra por esos derroteros o perderán la contienda.

6) Será un debate de mensajes proactivos vs. mensajes reactivos y justificativos. La mordacidad de Soraya frente al verbo combativo de Iglesias por un lado. La tranquilidad 'soft' de Sánchez frente al 'punch' y contundencia de Rivera por otro. Cada uno ha identificado bien quién es su rival dialéctico, pero no deben olvidar que debaten con otros, sí, pero comunican para todos.

7) Ganará quien mejor sepa ajustar las expectativas a las necesidades, deseos y motivaciones del votante. No voy a votarte por tus mensajes, sino por cómo me haces sentir cuando te escucho.

8) En un debate, el contraste es poderoso. Cuando dibujen eso hoy los candidatos, el que mejor sepa construir una imagen fuerte y dejarla el mayor tiempo posible en la mente del espectador tendrá mucho conseguido. Para ello, que ajusten bien su discurso: mejor que la grandilocuencia retórica, la sencillez léxica. Antes que abusar del lenguaje de barra de bar, apostar por el lenguaje del sentido común, el lenguaje de la gente corriente. Ir del mitin al mantra solo es efectivo si este actúa de nexo de unión entre voluntades diferentes.

9) Cuando uno entrena para un debate, debe seguir ciertas máximas, la más importante de ellas la resumiría así: prepáralo como candidato, prepáralo como contrincante, prepáralo como ciudadano. Actúa para interpretar los mensajes, tus emociones, tus sensaciones. Pero no sobreactúes para aparentar la sombra de lo que eres, o serás castigado incluso por los tuyos. Aviso para quienes usen y abusen del recurso de contar historias fuera de tono y contexto, como hizo Pedro Sánchez con el caso de la joven Valeria.

10) Es importante la autenticidad (mensajes sinceros y gestos naturales), que tu telegenia muestre quién eres y esperan de ti, y no lo que te gustaría representar. El equilibrio de un debate de percepciones lo marca jugar entre la línea del líder con magnetismo y el mitinero sin escrúpulos. Veremos quién desea jugar a qué lado de la frontera.

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